El desafío de Úlises

Por Agostina De Marco, Nicole Raguet y Antonella Bossi

Un día frío de invierno navegando por aguas turbulentas, Ulises y su tripulación divisaron una pequeña isla. Todos se alegraron pues tal vez conseguirían algo de comida, ya que hacía días que no comían. Al llegar, la ninfa Niana mandó a sus súbditos para capturar a los visitantes. Ellos se encontraron con Ulises, que intentó resistirse pero al ser demasiados, no lo logró. Él apareció atrapado en un lugar donde estuvo frente a frente con Niana. Ella lo amenazó con matar a sus tripulantes si no cumplía con el siguiente desafío: sería matar a Dátulo y luego robarle el anillo de oro que tenía en la mano derecha. Él le respondió que sería imposible porque ella solo le había dado 24hs, pero sin duda no quería sacrificar  a sus tripulantes. Ulises viajó con sus compañeros aunque ellos estaban muy cansados por el largo recorrido, pero sabían que no debían fallarle a Ulises. Ellos encontraron un mago que habitaba en una gran torre con púas en sus extremos y cubiertas de musgos. Le preguntaron cómo podía pasar desapercibido para matar a Dátulo y robarle su anillo. Éste dijo que sería muy difícil pero no imposible. El mago le respondió que le daría la clave para entrar en el castillo de Dátulo sin ser visto, a cambio, él pidió el murciélago que desde hace muchos años tenía como mascota, que necesitaba para una poción. Ulises aceptó el trato, y el mago le dijo que para entrar se tenía que disfrazar como su amada la ninfa Irene. Una vez logrado esto, le tendría que dar Rohal, una poción invisible diseñada para juntarse con el vino y matarlo sin dejar rastros. Apareció el sol en la mañana y Ulises partió. Hizo lo que el mago le sugirió. Ulises entró a la habitación, ya disfrazado y lo sedujo fácilmente, luego le sirvió el vino y cuando no se dio cuenta, lo envenenó. En ese entonces, escuchó que los guardias se acercaban, no tuvo tiempo  de agarrar el anillo de plata ni el murciélago, y se escapó por la ventana. Mientras que regresaba navegando, Niana volvió a aparecer y le pregunto sobre el anillo de Dátulo. Al no cumplir con todo el trato, Niana capturó a sus tripulantes y los aniquiló.

La aventura de Úlises

Por Ruth Blanco, Maialen López Menaya, Florencia Dramis y Micaela Cardozo

-Tú que has matado a uno de mis cíclopes, hoy ha llegado el día de tu partida, tu   castigo por fin se cumplirá. Serás exiliado a una isla, yo mismo te llevaré, y me aseguraré de que jamás vuelvas a Ítaca.

-De acuerdo, pero debes jurar que no lastimarás ni a mi esposa, ni a mis hijos.

 

Poseidón aceptó la petición del griego, y Ulises fue escoltado a la Isla de Creta. Cuando llegó, a lo lejos notó que se hallaba en un imponente palacio. Semejante obra debía corresponder a una Diosa. Ulises especuló que ése podría ser un buen lugar de hospedaje, entonces, se dirigió al palacio.

Cuando llegó no podía creer lo que veía: un prado lleno de flores, y en el centro del mismo, una fuente con una muchacha sentada en el borde, observando su reflejo en el agua transparente.

Ulises caminó lenta y sigilosamente, pero el agudo oído de la joven alcanzó a oír sus pasos. La doncella, sobresaltada, volteó, y rápidamente se quedó ahí examinando al guerrero.

-¿Quién eres y que haces en mi palacio?

-Soy Ulises, guerrero de Ítaca. Busco un lugar donde hospedarme. ¿Y tu quién eres?

-Soy Gaia, la Diosa del hipnotismo y la obediencia. Tengo el poder de manipular cualquier ser vivo, sean plantas, animales o personas, y obligarlos a hacer lo que yo deseé. ¿Ulises? Creo que he escuchado de tí.

-Soy el odiado por Poseidón, el guerrero que ha asesinado a Polifemo, el favorito de Atenea. Fui exiliado de mi tierra por el rey de los mares por haber acabado con uno de sus cíclopes.

-Pues, si estás en contra de Poseidón, con gusto te hospedaré en mi palacio. Poseidón no es de mi agrado tampoco, por unos problemas de hace unos siglos. Si quieres, podríamos unir fuerzas y acabar de una vez por todas con Poseidón.

-Mi venganza de todas maneras llegará alguna vez, pero pensándolo bien, cuanto es mejor, principalmente con compañía. Tengo una idea de cómo comenzar nuestro desquite.

 

Ulises le contó su plan a Gaia. La Diosa aceptó y se dirigieron al Olimpo, donde se hallaba Zeus, el Dios de los Dioses.

Al llegar al Olimpo, dos guardias, cuidaban la puerta. Ulises creyó que con su persuasión iba a poder engañarlos. Poco se equivocó. Gaia tuvo que hipnotizar a los hombres para poder pasar, por lo tanto empezó a cantar con su dulce vos angelical para ponerlos en trance.

Hermes los recibió en el Olimpo y los escoltó con Zeus.

Al llegar junto a él, Gaia habló.

 

-Zeus hemos venido aquí de urgencia sin previo aviso para comunicarte un hecho trágico. Es sobre Poseidón, el dios de los mares. Se ha puesto de acuerdo con Hades para liberar todas las almas malignas del inframundo. No podemos permitirlo, el Olimpo y las ciudades se poblarán de pestes y de maldades.

 

Zeus recapacitó sobre las palabras de la Diosa, que fueron bastantes convincentes, y con Ulises, el Dios creyó toda la historia que había sido inventada. Zeus acordó con los visitantes un cargo y los designó a ser ayudantes de Hades en el inframundo.

Pero los jóvenes no se esperaban que Zeus finalmente descubriera la verdad.

 

Cuando Zeus se enteró, quiso deshacerse de la Diosa y del guerrero. Pero era demasiado piadoso matarlos sin hacerlos sufrir. Por lo tanto Zeus le impidió a Gaia volver a usar sus poderes, por lo que se los quitó. El sabía que la Diosa se enojaría y querría vengarse de Ulises, por lo que ese cargo se los dejo a su elección. La Diosa, llena de furia, planeó su desquite contra Ulises pero para Gaia ningún castigo existente es suficiente para el guerrero, por lo que sigue sin cumplirse esa profecía.

El favorito de Atenea

Por Ailén Romero y Camila Gallitrico

Ulises había escapado de Polifemo. Tras navegar durante semanas sin rumbo, vio una isla no muy lejos de su barco. Al llegar, estaba oscureciendo. Caminaron alrededor de la isla tratando de encontrar alimento, pero lo único que hallaron fue solo árboles sin frutos y ramas secas.

Ya cuando estaban por subir al barco, vieron a una persona acercarse, era la diosa Atenea.

-¿Quién se encuentra en mi isla, a estas horas de la noche?-dijo Atenea.

-Soy Ulises- respondió – hemos estado navegando sin rumbo durante semanas, al ver esta isla pensamos que podríamos encontrar algún alimento para mi y mis compañeros.

-En mi palacio hay suficiente comida para todos ustedes, si quieren pueden venir conmigo.

Muy agradecidos, se dirigieron todos al palacio de la diosa.

Al llegar no podían creer lo que veían, de un lado de isla todo era oscuro, solitario, triste y no muchas plantas estaban vivas, ero del otro lado era todo lo opuesto, las plantas estaban vivas con flores y frutos, todo estaba iluminado como si fuera de día, se hallaban miles de personas alrededor de un hermoso y enorme palacio blanco y dorado. Al entrar todo se hallaba en completa armonía y se escuchaba una suave música de fondo. Cuando pasaron al comedor vieron una larga mesa llena de las comidas más deliciosas del mundo. Luego de comer, se estaban dirigiendo nuevamente hacia el barco, muy agradecidos por la comida, con Atenea.

-¿Hacia donde se dirigen?-pregunto Atenea.

-Hacia el barco- respondió Ulises, mientras seguía caminando.

-Los invito a hospedarse aquí, conmigo, en mi palacio, durante el tiempo que quieran.

-Gracias Atenea, por ofrecernos comida y hospedaje, te agradecemos.

-Vivo sola en un palacio tan grande, me gustaría que alguien pudiera vivir conmigo.

Luego de dirigirlos a sus habitaciones, todos se hallaban dormidos, excepto Ulises, quien miraba hacia el mar, triste, pensando en su esposa, su hijo y sus padres. Atenea, quien estaba caminando, vio a Ulises tan triste que decidió acercarse a hablarle.

-¿Qué haces desierto?- pregunto Atenea-¿No quieres ir a dormir después de tanto navegar? ¿No estas cansado?

-No puedo dormir-contestó-Extraño mucho mi hogar en Ítaca, y a mi familia.

-¿Hace cuantos años tu no has visto a tu familia?

-Hace muchos años, ya casi no puedo recordar nada de allí- respondió muy triste.

-Lo siento mucho, yo no sabía eso.

-Pero… ¿Por qué te sientes tan culpable?- preguntó.

-Porque yo soy uno de tus retrasos, Ulises. Poseidón, me dijo que lo haga si quería seguir con vida. Pero no sabia que tu historia era tan triste, entiendo si no me perdonas.

-Como no te voy a perdonar, si vos me brindaste alimento, hospedaje, y encima terminaste con tu promesa con Poseidón, no estoy enojado con vos, estoy agradecido.

-Gracias por perdonarme, por eso, te ayudaré a llegar a tu hogar.

Muy agradecido Ulises aceptó su ayuda.

-Yo te ayudaré, pero no puedo ahora, necesito que esperes un tiempo, así podré hablar con mi padre, Zeus, por si nos puede ayudar.

Durante ese tiempo los compañeros de Ulises trabajaron en el palacio de Atenea, como cualquier otro servidor de ella, mientras que Ulises, fue coronado como el nuevo rey de esa isla. Aunque ser rey era muy bueno, el quería volver a su hogar con su familia, por eso todos los días Ulises le preguntaba a Atenea si ya había hablado con su padre. Pero siempre contestaba lo mismo:

-No, mi padre ha estado muy ocupado este tiempo- contestaba ella.

Pero esa no era la verdad ya que ella nunca había hablado con su padre sobre ese tema. Porque quería estar con Ulises todo el tiempo que pudiera.

Pero un día vio a Ulises tan triste que decidió hablar con su padre:

-Padre, necesito que me ayudes con un problema- dijo Atenea.

-Claro-respondió Zeus- no hay ningún problema.

-Necesito que convenzas a Poseidón para que deje regresar a Ulises, el necesita regresar a su hogar, y reencontrarse con su familia.

-Esta bien, lo voy a hacer, espero que no sea tan complicado de convencer a Poseidón.

Cumpliendo su promesa, Zeus habló con su hermano Poseidón:

-Poseidón, te pido que dejes regresar a Ulises a Ítaca- dijo Zeus.

-Y a cambio de ese pedido ¿Qué me darías?- preguntó Poseidón.

-Si vos cumplís con el trato, yo le devolveré la vista a tu hijo Polifemo.

-Siendo así, acepto.

Zeus le devolvió la vista a Polifemo, como lo prometió, pero Poseidón no cumplió con su parte del trato, pero le salio mal, porque días después un barco que pasaba por allí aceptó llevarlo hacia el pueblo al cual se dirigían, que no se encontraba muy lejos de Ítaca.

 

La gran aventura de Úlises